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domingo, 8 de febrero de 2015

Granja escuela Montellano, un proyecto familiar.

GRANJA ESCUELA MONTELLANO.

En un entorno natural incomparable, con todas las posibilidades para realizar una educación en valores, al margen de la contaminación y las prisas, encontramos este rincón donde podemos jugar, divertirnos y aprender. 
Cerca de Monzón y de Barbastro, cerca también (aunque un poco menos) de Huesca capital, está esta Granja Escuela que pretende añadir un extra a la educación en las aulas de nuestros chicos y chicas.

Columpios y diversión no faltan...

Aquí, rodeados de naturaleza y animales, encontrarán tanto los niños como los adultos, multitud de cosas que aprender y con las que entretenerse. Desde burros, ovejas, gallinas, la huerta...

Parte de las sorpresas que nos encontraremos.

Tanto si lo que buscamos en un rato puramente lúdico como si queremos completar la educación de nuestros chavales en un entorno natural, no deberíamos de pasar de largo por aquí.

Los caballos forman parte de la oferta lúdico-deportivo-educativa.








Por supuesto, también tienen escuela de equitación, ya que es una forma fantástica de aprender valiosas lecciones sobre la vida misma...









Para más información, os dejo el enlace a su web.

Granja Escuela Montellano


sábado, 17 de enero de 2015

Caballos y sentimientos.

Desde que el hombre domesticó al caballo como ayudante en las faenas del campo, a cada persona que se acerca a uno de estos animales le inspira una serie de sentimientos, desde el miedo, hasta la admiración, pasando por todo un abanico, tan amplio como el carácter de cada persona. Lo que es cierto es que a casi nadie nos deja fríos el acercarnos y convivir, aunque sea por un rato con uno de estos bellos animales.


Es cierto que hay que tenerles respeto, eso, siempre y pase lo que pase, como con el resto de seres que nos rodean. Pero si les tenemos miedo, eso no ayudará para nada en nuestra relación tanto con ellos como con nosotros mismos y las personas con las que tratamos día a día.
Yo siempre digo a mis alumnos que hay que intentar entender cómo piensan, igual que a nosotros nos gusta que nos comprendan. Si lo intentamos y pasamos rato con ellos, nos lo compensarán con una amistad sin complejos. Sin esconder nada. Como un buen amigo, que no nos juzga por cómo somos.
Y por eso trato de ponerles en su lugar. Por ejemplo: ¿cómo te sentirías si alguien intenta que hagas un ejercicio si no te explica antes cómo hacerlo, si, simplemente te golpea y te grita cuando no haces lo que quiere? Mal, frustrado, ¿verdad? pues a los caballos les pasa igual. Cuando les estamos enseñando algo nuevo para ellos, hay que hacerlo con mucha paciencia, como con un niño pequeño. Y premiarles cada pequeño avance con una caricia, una palmadita en la espalda, como nos gustaría a nosotros mismos.
Así que, desde aquí, animo a todos a acercarse a estos animales y tratar de ponernos en su lugar, desde el cariño y el respeto, para poder sacar todo el potencial de una relación con ellos.
Relinchos y saludos.

jueves, 20 de febrero de 2014

Este caballo ya no es el mismo...

Seguro que nos ha pasado en más de una ocasión.  Para poneros en situación: tenemos un caballo en nuestras cuadras que, por deseo del dueño, y con su bendición, lo utilizamos para dar algunas clases, como si de un caballo de escuela se tratara.
El caso es que el dueño, por sus circunstancias particulares, pasa poco por las cuadras a disfrutar de la compañía de su caballo.
Al cabo del tiempo, el dueño viene, y, tras un rato con "su" compañero, nos dice que éste no parece el mismo. Puede que esté más desobediente, aparentemente un poco duro de boca, más "sordo" de pierna...

Un noble animal, es de las mejores compañías...

A fin de cuentas, lo que pasa es lo normal. Los caballos se acostumbran a lo que hacen día a día. El que lo monte cada día una persona, inevitablemente, le provoca cambios de comportamiento, que, si no le ponemos remedio, pueden acabar en problemas, si no intentamos entender el porqué de este cambio.
Es decir, una vez más, hay que ponerse en el lugar del animal y tratar de llegar al fondo de la cuestión, en vez de tirar por la calle de enmedio y tratar de solucionar el problema a base de un bocado más duro, más fustas o más espuelas.

No podemos dejar todo tirado por ahi, no?
Ahora, imaginémonos en una situación parecida: en nuestra casa, nuestros padres,siempre nos han dicho que, después de jugar, hay que recoger los juguetes, para sentarse a cenar. Ahora nos vamos una temporada, una larga, como cosa de un año, a casa de nuestros abuelos, los cuales recogen todo lo que nosotros vamos dejando tirado por ahí y nunca nos dicen nada al respecto, y no esperan que recojamos para sentarnos a cenar o irnos al parque a jugar.
¿qué pasará si luego, a la vuelta a casa de nuestros padres, éstos descubren esta nueva costumbre nuestra de no recoger las cosas antes de cenar? ¿Cómo conseguirán nuestros padres reconducir nuestra conducta?

 Pues la forma de afrontar este problema es esencial.
Y ahí es donde está la madre del cordero, por lo que es esencial entender la situación y tratar de solucionarlo de raíz.
Sobre todo, tendremos que tener mucha paciencia, mucho cariño y no tratar de dar dos pasos a la vez, sino uno detrás de otro, como siempre aconsejo.
Saludos y relinchos!

lunes, 16 de diciembre de 2013

Proyecto TAO, una terapia que cuenta con un aliado muy especial

PROYECTO TAO

Hoy os quiero enseñar otro tipo de terapia complementaria... Aquí os dejo un enlace que explica algo de otra terapia con animales, esta vez, con leones marinos.
Siempre he sido partidaria del contacto de los niños con los animales, pero en el caso de personas con sensibilidad especial, es muchísimo más importante.
Como leí una vez, hace años...
"todo niño debería tener dos cosas... un cachorro y una madre que le deje tener uno"
Pues esa es la idea. Los animales siempre nos aportan un punto de vista muy especial y diferente



Proyecto TAO, una terapia que cuenta con un aliado muy especial

jueves, 28 de noviembre de 2013

¿EL CABALLO PERFECTO?

Muchas veces nos preguntamos: ¿qué caballo es el que nos viene mejor?
Y la respuesta no es fácil. Realmente, creo que no existe un caballo que valga para todo.

Pero sí podemos encontrar uno adaptado a nuestras necesidades.

Es esencial el carácter tranquilo...

Por ejemplo, en el campo de las terapias, yo creo que lo imprescindible es que tenga un buen carácter y mucha paciencia, ya que es importante que pueda aguantar horas de distintos comportamientos, que, incluso a los que trabajamos con él nos sorprenderán.

El caballo de terapias no debería ser muy grande (no más de 1'60), para que, al ir a pie a su lado, la persona que va encima no nos quede demasiado lejos, para que podamos interactuar con él, jugar con él y ayudarle en lo que necesite.

Por supuesto, tiene que tener buen dorso para soportar el peso de dos personas, ya que hay pacientes y momentos en los que hará falta una monta gemelar o backriding, para ayudar al paciente en su equilibrio y su postura.



Además, tendrá que tener una doma equilibrada, y que no siga las ayudas incorrectas que, por su propia dolencia, pueda accionar el jinete, sin intención. 
Por todo esto, nuestro caballo, nuestro compañero de trabajo, nuestro socio y cómplice debe ser buscado con cuidado y con cariño, debemos educarle y respetarle.
Y, siempre desde el respeto, ayudarle a comprender lo que necesitamos de él (o de ella, si es una yegua, claro), entender lo que necesita y darle todas las comodidades que le hagan un animal equilibrado y tenga ganas de trabajar con nosotros cada día.
Así conseguiremos el caballo perfecto... para terapias.

Con el caballo adecuado es fácil disfrutar.
Saludos y Relinchos.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Hipoterapia, una terapia que funciona.

HIPOTERAPIA O EQUINOTERAPIA

Da igual cómo lo llamemos, si con su raíz latina o con la griega, aunque a mí me gusta más con la griega, ya que fueron ellos los primeros (en Europa) en darse cuenta de las ventajas que aportaba el montar a caballo a las personas que tenían problemas de movilidad o de eficacia en el movimiento de algún miembro, y otras dolencias más o menos comunes (reuma, dolores por traumatismos...).

Hipócrates, en el siglo IV a.C. recomendaba la práctica de la equitación para la curación y prevención de muchas dolencias, la relajación y fortalecimiento de los músculos y el tratamiento, por ejemplo, del insomnio.

Desde entonces y hasta nuestros días, muchos han sido los ejemplos de superación de traumas y dolencias mediante el aprovechamiento del movimiento y carácter del caballo.

Y es que el caballo, no sólo se puede aprovechar como rehabilitador físico, sino como coterapeuta en casos de dificultades de aprendizaje, trastornos psicológicos y del comportamiento.

Casi todas las sesiones empiezan trabajando pie a tierra...
Todas las personas que he tenido la suerte de conocer en este ámbito, han visto avances notorios, no en todos los casos por igual, por supuesto, ya que cada persona es diferente, cada dolencia un mundo.

A mí me gusta siempre recordar, que los caballos, así como nosotros, tienen diferentes días, y esto produce que no todas las sesiones sean iguales, lo cual es un alivio y una dificultad añadida, todo a la vez.

Pero lo que está claro es que el relacionarnos con un caballo va a ser siempre un momento especial, lleno de estímulos y oportunidades de mejora de nuestras relaciones con nosotros mismos y con los que nos rodean.
Así que, ya sabéis. Probadlo y sacadle el mejor provecho.

Os dejo unas imágenes, como muestra de las posibilidades rehabilitadoras de estos fantásticos animales...
que lo disfrutéis.

PINCHAR AQUÍ

Relinchos y abrazos.

jueves, 26 de septiembre de 2013

VERANO, ÉPOCA DE EXPERIMENTOS.

Si un verano dudáis entre varias opciones, vuestra economía está para asustar o si, simplemente queréis aprovechar esta época para vivir nuevas experiencias, podéis buscar un trabajo de verano, de los que abundan. Yo, en vez de buscar en las numerosas playas de nuestro país el servir cervezas y coca-colas a los turistas, he encontrado una empresa que ofrece rutas a caballo en pleno Pirineo aragonés. Si indagáis un poco, encontraréis varias en la zona.

En varias ocasiones he hablado de lo mucho que enseñan los caballos por el simple hecho de acercarnos a uno de estos animales. Pues imaginaros cuánto he podido aprender, haciéndome cargo de una manada de doce caballos durante casi dos meses. Increíble.

Un trabajo duro, pero satisfactorio...



Por supuesto, es un trabajo duro, muy exigente tanto física como mentalmente. Hay que madrugar, son muchas horas al día, muchas tareas te obligan a desarrollar toda tu fuerza y habilidad y, además, mentalmente, el tener la responsabilidad de esas doce vidas, no te deja desconectar del todo casi en ningún momento. Hay que pensar en ello antes de embarcarnos en una aventura así.

Pero si estamos dispuestos a ello, y, teniendo en cuenta que serán unos meses, merece la pena.

Uno de los mejores momentos del día para mí era al llegar por la mañana, el acercarme a la manada, darles los buenos días, dar caricias al que las pide, ir a por el que no las pide y poder estar junto a ellos cada día un ratito en libertad y con la tranquilidad que transmiten… ufff.



Y al terminar el día, cuanto más duro más agradable, quitarles el equipo, soltarles para el momento del abrevado y la cena y ver cómo se alejan de ti corriendo, trotando, cómo se tiran al suelo, revolcándose llenos de placer al verse por fin libres… otro gran momento.

Hora del relax...

Esa es una de las grandes lecciones que he aprendido este verano. Por muy duro que parezca todo, siempre hay un punto positivo, aunque esté muy escondido, que merece la pena buscar y aferrarse a él para seguir luchando, con ilusión, por nuestras metas.



Un relincho!