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sábado, 17 de enero de 2015

Caballos y sentimientos.

Desde que el hombre domesticó al caballo como ayudante en las faenas del campo, a cada persona que se acerca a uno de estos animales le inspira una serie de sentimientos, desde el miedo, hasta la admiración, pasando por todo un abanico, tan amplio como el carácter de cada persona. Lo que es cierto es que a casi nadie nos deja fríos el acercarnos y convivir, aunque sea por un rato con uno de estos bellos animales.


Es cierto que hay que tenerles respeto, eso, siempre y pase lo que pase, como con el resto de seres que nos rodean. Pero si les tenemos miedo, eso no ayudará para nada en nuestra relación tanto con ellos como con nosotros mismos y las personas con las que tratamos día a día.
Yo siempre digo a mis alumnos que hay que intentar entender cómo piensan, igual que a nosotros nos gusta que nos comprendan. Si lo intentamos y pasamos rato con ellos, nos lo compensarán con una amistad sin complejos. Sin esconder nada. Como un buen amigo, que no nos juzga por cómo somos.
Y por eso trato de ponerles en su lugar. Por ejemplo: ¿cómo te sentirías si alguien intenta que hagas un ejercicio si no te explica antes cómo hacerlo, si, simplemente te golpea y te grita cuando no haces lo que quiere? Mal, frustrado, ¿verdad? pues a los caballos les pasa igual. Cuando les estamos enseñando algo nuevo para ellos, hay que hacerlo con mucha paciencia, como con un niño pequeño. Y premiarles cada pequeño avance con una caricia, una palmadita en la espalda, como nos gustaría a nosotros mismos.
Así que, desde aquí, animo a todos a acercarse a estos animales y tratar de ponernos en su lugar, desde el cariño y el respeto, para poder sacar todo el potencial de una relación con ellos.
Relinchos y saludos.

jueves, 28 de noviembre de 2013

¿EL CABALLO PERFECTO?

Muchas veces nos preguntamos: ¿qué caballo es el que nos viene mejor?
Y la respuesta no es fácil. Realmente, creo que no existe un caballo que valga para todo.

Pero sí podemos encontrar uno adaptado a nuestras necesidades.

Es esencial el carácter tranquilo...

Por ejemplo, en el campo de las terapias, yo creo que lo imprescindible es que tenga un buen carácter y mucha paciencia, ya que es importante que pueda aguantar horas de distintos comportamientos, que, incluso a los que trabajamos con él nos sorprenderán.

El caballo de terapias no debería ser muy grande (no más de 1'60), para que, al ir a pie a su lado, la persona que va encima no nos quede demasiado lejos, para que podamos interactuar con él, jugar con él y ayudarle en lo que necesite.

Por supuesto, tiene que tener buen dorso para soportar el peso de dos personas, ya que hay pacientes y momentos en los que hará falta una monta gemelar o backriding, para ayudar al paciente en su equilibrio y su postura.



Además, tendrá que tener una doma equilibrada, y que no siga las ayudas incorrectas que, por su propia dolencia, pueda accionar el jinete, sin intención. 
Por todo esto, nuestro caballo, nuestro compañero de trabajo, nuestro socio y cómplice debe ser buscado con cuidado y con cariño, debemos educarle y respetarle.
Y, siempre desde el respeto, ayudarle a comprender lo que necesitamos de él (o de ella, si es una yegua, claro), entender lo que necesita y darle todas las comodidades que le hagan un animal equilibrado y tenga ganas de trabajar con nosotros cada día.
Así conseguiremos el caballo perfecto... para terapias.

Con el caballo adecuado es fácil disfrutar.
Saludos y Relinchos.