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lunes, 18 de febrero de 2019

El éxito en la terapia con caballos.

El juego, parte esencial.
Muchas veces me pregunto (y me preguntan) cuál es el secreto del éxito de esta terapia. Y creo que parte de nuestra  ventaja  es que se trabaja desde los gustos de las personas y desde la tranquilidad. Es una actuación que nos permite, a los que llevamos a cabo este tipo de intervenciones, ejercitar capacidades en un entorno privilegiado, de tranquilidad, diferente y altamente motivador. Como digo muchas veces, los participantes vienen a "jugar" con el caballo. Le cepillan, le miman, se montan encima, damos un paseo... Mientras todo esto sucede, el caballo nos aporta multitud de entradas sensoriales, tanto a nivel propioceptivo, como vestibular, táctil, visual, auditivo... Y nos permite centrar la atención de la persona para mejorar su capacidad cognitiva, su memoria, controlar la expresión de sus emociones, y así, poco a poco, mejorar su vida diaria.


El caballo, tranquilo y sociable.
Tengo la suerte de conocer personas muy especiales, familias valientes, que no se rinden, que cada pequeño logro de sus campeones es motivo de fiesta y entusiasmo para ellos y que son ejemplo de superación y motivación para mí. Los niños que voy conociendo (cada día un poco más) me impulsan a seguir aprendiendo y trabajando siempre con una sonrisa, tal como vienen ellos al centro hípico.


jueves, 28 de noviembre de 2013

¿EL CABALLO PERFECTO?

Muchas veces nos preguntamos: ¿qué caballo es el que nos viene mejor?
Y la respuesta no es fácil. Realmente, creo que no existe un caballo que valga para todo.

Pero sí podemos encontrar uno adaptado a nuestras necesidades.

Es esencial el carácter tranquilo...

Por ejemplo, en el campo de las terapias, yo creo que lo imprescindible es que tenga un buen carácter y mucha paciencia, ya que es importante que pueda aguantar horas de distintos comportamientos, que, incluso a los que trabajamos con él nos sorprenderán.

El caballo de terapias no debería ser muy grande (no más de 1'60), para que, al ir a pie a su lado, la persona que va encima no nos quede demasiado lejos, para que podamos interactuar con él, jugar con él y ayudarle en lo que necesite.

Por supuesto, tiene que tener buen dorso para soportar el peso de dos personas, ya que hay pacientes y momentos en los que hará falta una monta gemelar o backriding, para ayudar al paciente en su equilibrio y su postura.



Además, tendrá que tener una doma equilibrada, y que no siga las ayudas incorrectas que, por su propia dolencia, pueda accionar el jinete, sin intención. 
Por todo esto, nuestro caballo, nuestro compañero de trabajo, nuestro socio y cómplice debe ser buscado con cuidado y con cariño, debemos educarle y respetarle.
Y, siempre desde el respeto, ayudarle a comprender lo que necesitamos de él (o de ella, si es una yegua, claro), entender lo que necesita y darle todas las comodidades que le hagan un animal equilibrado y tenga ganas de trabajar con nosotros cada día.
Así conseguiremos el caballo perfecto... para terapias.

Con el caballo adecuado es fácil disfrutar.
Saludos y Relinchos.