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viernes, 10 de febrero de 2017

Profesora y alumna

Hace tiempo que sé que cada caballo nos enseña algo digno de guardarse, y ahora no es diferente.
Cubana es una yegua de unos 5 años, que me está ponieno a prueba. El reto es que su dueña pueda montarla con confianza tanto en pista como en campo y pueda disfrutarla.
El problema es que cuando le pides trabajo, como es muy joven y su dueña casi no la monta, no está acostumbrada y se bota, te intenta sacar de la silla, y, la verdad, a mí casi lo consigue la primera vez que le pedí un galope en la pista.

Cubana, a la derecha, yegua ruana. ¡Guapísima!

Pero, poco a poco, en sesiones cortas pero intensas, estoy logrando que no rechace el trabajo que le pido, que cada vez es mas, claro. De momento, creo que no le convienen sesiones muy largas de trabajo, pero estoy consiguiendo cosas importantes, como que me lleve una vuelta entera a galope, sin botarse ni protestar y que no haga gestos de incomodidad con la cabeza. Y...¡conseguí disfrutar con ella! eso sí es un logro...
Estoy aprendiendo mucho con ella, gracias también a los consejos de una compañera, experta en doma clásica (si, ya veis, yo, haciendo doma clásica... )
Por eso me gusta trabajar con caballos. Siempre un reto, un aprendizaje, y ¡¡muchas satisfacciones!!

¡Relinchos a todos!

jueves, 26 de septiembre de 2013

VERANO, ÉPOCA DE EXPERIMENTOS.

Si un verano dudáis entre varias opciones, vuestra economía está para asustar o si, simplemente queréis aprovechar esta época para vivir nuevas experiencias, podéis buscar un trabajo de verano, de los que abundan. Yo, en vez de buscar en las numerosas playas de nuestro país el servir cervezas y coca-colas a los turistas, he encontrado una empresa que ofrece rutas a caballo en pleno Pirineo aragonés. Si indagáis un poco, encontraréis varias en la zona.

En varias ocasiones he hablado de lo mucho que enseñan los caballos por el simple hecho de acercarnos a uno de estos animales. Pues imaginaros cuánto he podido aprender, haciéndome cargo de una manada de doce caballos durante casi dos meses. Increíble.

Un trabajo duro, pero satisfactorio...



Por supuesto, es un trabajo duro, muy exigente tanto física como mentalmente. Hay que madrugar, son muchas horas al día, muchas tareas te obligan a desarrollar toda tu fuerza y habilidad y, además, mentalmente, el tener la responsabilidad de esas doce vidas, no te deja desconectar del todo casi en ningún momento. Hay que pensar en ello antes de embarcarnos en una aventura así.

Pero si estamos dispuestos a ello, y, teniendo en cuenta que serán unos meses, merece la pena.

Uno de los mejores momentos del día para mí era al llegar por la mañana, el acercarme a la manada, darles los buenos días, dar caricias al que las pide, ir a por el que no las pide y poder estar junto a ellos cada día un ratito en libertad y con la tranquilidad que transmiten… ufff.



Y al terminar el día, cuanto más duro más agradable, quitarles el equipo, soltarles para el momento del abrevado y la cena y ver cómo se alejan de ti corriendo, trotando, cómo se tiran al suelo, revolcándose llenos de placer al verse por fin libres… otro gran momento.

Hora del relax...

Esa es una de las grandes lecciones que he aprendido este verano. Por muy duro que parezca todo, siempre hay un punto positivo, aunque esté muy escondido, que merece la pena buscar y aferrarse a él para seguir luchando, con ilusión, por nuestras metas.



Un relincho!

lunes, 20 de agosto de 2012


SIEMPRE APRENDIENDO

Si en la vida es importante estar siempre abierto a nuevos conocimientos, cuando tratamos con caballos, se vuelve imprescindible.
Y lo bueno es que, nunca vamos a dejar de aprender, ya que el solo hecho de entrar en contacto con uno de estos sensibles animales, nos enseña no sólo lo que él quiere y necesita, sino en qué condiciones nos encontramos nosotros, tanto físicas como anímicas. Y con cada individuo es un volver a empezar, ya que, dentro de sus generalidades, cada uno es un mundo y a cada uno nos tenemos que acercar de la manera que necesita.

Los hay que necesitan más tiempo, o más compañía... 

Y como además, resultan una herramienta imprescindible en algunos casos (como el mío, afortunadamente) hay que cuidarles como si nos fuera en ello la vida, dándose el caso de que, a veces, ponemos en sus lomos nuestra vida.

Con un poco de tranquilidad, se pueden disfrutar espectáculos únicos.
Si algo he aprendido desde que trato con caballos es a reconocer mis sentimientos y mi estado de ánimo. Esa capacidad de introspección, de darme cuenta de lo que siento y pienso, me ha venido muy bien, ya que para cambiar algo, lo primero es saber qué es lo que hay que cambiar. Y eso, y muchas otras cosas, son aplicables al resto de las facetas de mi vida. Y seguro que el que alguna vez ha tratado con estas mal llamadas bestias, entiende lo que digo, ya que si no dejamos nuestras preocupaciones y miedos a un lado, no podremos trabajar ni medio a gusto con ellos.
Un saludo y un relincho desde tierras mañas!